Los sueños deportivos de René Escobar nunca mueren

La Antártida. El Continente blanco. La última frontera: uno de los pocos lugares en el planeta —quizás el único— que aún estimula la imaginación aventurera de la humanidad.

Cualquier persona sensible —mejor si está alimentada de épica y grandes historias de héroes al estilo de Sir Walter Scott y Roald Amundsen— puede albergar emoción al conocer detalles de ciertas expediciones modernas que han conquistado y conquistan el Polo Sur.

Cualquiera querría trasladarse a cubierta de aquellos barcos que llegan a la orilla de las estaciones científicas, en los archipiélagos que anuncian la presencia de la Gran Nada blanca. Para después desembarcar, establecer la ruta, los campamentos, y ponerse a andar, a andar, a rifarse el cuerpo a mitad de las condiciones climáticas más difíciles del mundo.

¿O no cualquiera? Bueno, al menos René Escobar, un prometedor fiscalista mexicano, sí ha alimentado sus ambiciones con la idea de cruzar a pie la Antártida. Es el hombre que ven en la foto que ilustra este texto, montado en la bicicleta al frente de un pelotón de triatletas.

René Escobar es un ejemplo de que la emoción deportiva no se expresa necesariamente a través de una sola vía. El empresario ha participado en más de 20 triatlones, pero también es un buen golfista, tenista y adora el alpinismo. Hace tiempo que ya no compite al máximo nivel, en realidad. Su vida familiar y laboral lo ha absorbido casi por completo, pero es perfectamente capaz de planear grandes hazañas como la de la Antártida, ¿por qué no? Lo único que ha necesitado, para ello, es una gran condición física, una buena red de amistades conocedoras de la travesía y corazón, mucho corazón aventurero.

“En efecto, la preparación para cruzar el Polo sur a pie es extenuante. Pero yo sé que algún día lo haré. No tengo prisa. Puedo prepararme. Tengo las mejores bases”, confiesa René Escobar. El empresario tiene, sobre todo, disciplina: el mejor punto de partida.