Diamantes mortales en los hoteles

Hubo una vez en que visité Londres y me contaron cierta historia del hotel Savoy que me dejó muy intrigado. Quisiera compartírselas para que siempre verifiquen la historia de los hoteles del mundo donde se hospedarán.

Dice la historia que, a principios del siglo XX, cierto hombre apellidado Pullman, llegó al hotel Savoy, donde solicitó que lo atendieran de inmediato. Entre sus ademanes correctos, la finura de su vestimenta y el acento americano que prometía dinero, no hubo ningún problema.

El poder comprar un auto con motor en esas fechas era totalmente limitado, y sólo las personas con verdadero poder de adquisición lo podían hacer. Debido a ello, las personas que escucharon que Pullman esperaba que llegara el auto de su mujer en unas horas, quedaron muy complacidas con el nivel económico del huésped, y se dispusieron a atenderlo con la mayor atención posible, ya que era muy importante.

Pullman se decidió por otro destino. Una joyería se encontraba en una calle muy próxima, por lo que decidió ir a verla. Cuando llegó, el dueño de la joyería le mostró diferentes anillos, todos de diamantes, pero Pullman no mostraba ninguna expresión de agrado. Luego, un collar del mismo material le provocó una sonrisa. Sin embargo, pidió que sólo llevaran los anillos al hotel donde estaba su esposa, de manera que ella pudiera verificarlos y decidir. Pero lo pensó un poco más, y solicitó también el collar, pero le pidió que le quitaran tres de los diamantes incrustados, de forma que no fuera tan costoso. Así pues, Penton, el asistente de la joyería, acompañó al Dr. Pullman a su hotel, transportando las joyas.

Al llegar, Pullman pidió a Penton que se acomodara en alguno de los sillones de la habitación, mientras él iba a consultar con su mujer sobre las joyas. Así pues, tomó 5 anillos con él y fue a consultar a la dama, sin cerrar completamente la puerta. Las voces se escuchaban dialogando y Penton se relajó. Luego, Pullman regresó a la sala donde estaba, pidiéndole que le diera el collar para que la señora lo pudiera ver. Lo tomó y regresó a la habitación. Sin embargo, no dejó la puerta abierta.

De esa manera, Penton estuvo esperando tranquilamente, pero Pullman no regresaba a decirle nada. Se dio cuenta de que la habitación había estado demasiado tiempo en silencio, por lo que pensó que quizá sería buena idea darles un poco de privacidad. Sin embargo, cuando salió al pasillo, se encontró con un hombre totalmente cubierto saliendo de la habitación donde estaba Pullman. Tomándolo por ladrón, corrió a someterlo y descubrió que se trataba del respetable hombre, quien alegó que su mujer se había enfermado y que iba a buscar medicina. Sin embargo, el joven no lo creería, por lo que recuperó cuatro de los cinco anillos y comenzó a gritar pidiendo ayuda.

La versión de Penton lo hace quedar como un héroe que rescató cuatro de los cinco anillos del farsante Pullman. Pero no logra aclarar en dónde quedó el otro anillo, o bien, por qué el cuerpo del señor Pullman tendría marcas en el cuello similares a la forma del collar, o dónde quedó el collar que también había pedido prestado. La policía no halló ningún rastro de las piezas faltantes, por lo que dio por cerrado el caso.