10 datos del Acueducto, motivo para reservar un hotel en Querétaro

La construcción del Acueducto en Querétaro ha servido a diferentes propósitos conforme pasa el tiempo: forma de acarrear agua a la ciudad, o monumento turístico que visitar. Todo esto fue gracias al Marqués de la villa del villar del águila: Juan Antonio de Urrutia y Arana. Este hombre llegó a la Nueva España en el año de 1687 y tenía la misma ambición que todas las personas que llegaban a estas tierras: riqueza. Sin embargo, el hombre era suficientemente inteligente para saber que las riquezas no llegan por sí solas, sino que hay que trabajarlas.

De ese modo, pasó por diferentes funciones dentro del departamento administrativo del Virreinato. Sus aportaciones fueron tantas que se convirtió en el Regidor Perpetuo de la Ciudad de México. Luego, al casarse con una mujer con muy buenas condiciones económicas, se fue a vivir con ella a la ciudad de Querétaro.

No obstante, al llegar a Querétaro encontró un problema muy fuerte: la falta de agua potable y el mal abastecimiento existente. Fue ahí donde encontró la oportunidad de hacer historia, más que riqueza. Claro, para ese momento su idea primaria había sido satisfecha: fue capaz de invertir sin problemas alrededor de 88 mil pesos para la construcción del acueducto. A este proyecto, se le sumaron 25 mil más del Ayuntamiento, que estaba preocupado por la contaminación que existía en las fuentes de agua cercanas, y que no podían ser consumidas por las personas.

Finalmente, se inició la construcción de esta obra en 1726, terminándose en 1738. El monumento contaría con 74 arcos elaborados con cantera rosa, y alcanzaría unas proporciones de 23 metros de altura y 1280 de longitud, consolidándose como uno de los edificios más modernos en el siglo XVIII de la colonia española, y ayudando a preservar la salud de miles de personas que se enfermaban por consumir agua en mal estado.